Diwali-in-Jaipur-(Etienne-Coltat)

Experiencia excepcional: celebrar el Diwali en Jaipur

Para empezar: ¿qué es el Diwali?
Se trata del festival más importante para los hindúes, aunque es igual de popular entre todos los indios y se extiende a lo largo de 5 días. La fiesta se celebra en torno al Rey Rama, en su capital, Ayodhya, con su esposa, Sita, quien había sido secuestrada por el demonio Ravana. Así, celebramos la victoria del bien sobre el mal, de Rama sobre Ravana. El día más importante del Diwali es el tercero, que este año cayó el 30 de octubre. Este día es en el que el festival se celebra verdaderamente, y corresponde al último día del año del calendario hindú Vikram.

El Diwali también se conoce como “la fiesta de las luces”. Inicialmente los habitantes de Ayodhya encendieron pequeñas lámparas para alumbrarle el camino de regreso a Rama. Hoy en día encontramos aún algunas pequeñas velas pero también guirlandas luminosas que iluminan casi todas las casas, y sobretodo, se pueden ver muchos fuegos artificiales por toda la ciudad – a los indios les encanta. De hecho, podríamos comparar el Diwali con la Navidad en los países occidentales, pues los indios se dan regalos y aprovechan de la ocasión para ponerse sus vestidos y trajes más elegantes. No queda más sino estar listo para las festividades.

Ahora que sabemos lo que representa el Diwali para los indios, puedo contar mi experiencia en Jaipur durante esta grande festividad.

Para comenzar, tengo que decir que tuve la suerte de estar con mis padres, lo cual es importante –después se sabrá por qué. Llegamos a Jaipur en tren por la tarde del sábado, en la víspera del Diwali. De la estación de tren tomamos un rickshaw para llegar al hotel, con lo que pudimos notar dos cosas: primero, el nombre de “la ciudad rosa” no se lo dieron a Jaipur por nada, mientras atravesábamos la parte antigua de la ciudad, a pesar de que era de noche, pudimos ver que todos los edificios eran, en efecto, rosados (o más bien, salmón); segundo, el Diwali es verdaderamente la fiesta de las luces, con muchísimos edificios alumbrados, y eso que solo era un abrebocas para algo más grandioso que habría de venir.

Hawal-Mahal-EtienneEl día siguiente, uno de importantes festividades, decidimos vestirnos con ropa tradicional: kurta para mi padre y yo, y salwar-kameez para mi madre. Este día visitamos la ciudad. Comenzamos con el Hawa Mahal, más conocido como el Palacio de los Vientos. Es cierto que no es sino una fachada, pero siempre hay tiempo para detenerse y contemplar este magnífico monumento de arte rajpút. Lo mejor es entrar a las tiendas que están en frente para tener una vista desde las alturas, lo que también permite ver las montañas alrededor de Jaipur y el Fuerte del Tigre, que se alza en su trono por encima de la ciudad.

Después nos dirigimos al Palacio de la Ciudad, que aún hoy en día es el hogar del joven Maharajá de Jaipur – incluso si casi nunca se encuentra aquí. A pesar del pequeño museo, en comparación a la parte habitada, se puede sentir la inmensidad de este complejo con su combinación de arte rajpút, mogol y europeo. También podemos ver los vestidos de antes, en especial los trajes que se utilizaban para jugar polo y algunas de las armas de la época. Pero más que nada, se siente la grandeza del reino del Maharajá antes de la llegada de los ingleses.

Al salir del palacio nos dirigimos a Jantar Mantar, un observatorio astronómico del siglo XVII. Incluso para los que no se sientan apasionados por la astronomía u otras ciencias, este observatorio resulta interesante por su gran tamaño –en especial el Brihat Samrat Yantra, que se alza a 27 metros. Otro símbolo del poderío de los maharajás. Para terminar el día por todo lo alto, fuimos al templo de monos, desde donde pudimos apreciar una puesta de sol magnífica sobre Jaipur.

A lo largo del día podíamos ya sentir el aroma de la fiesta. Los indios estaban felices y la ciudad ya estaba vestida con grandes decoraciones. Sin embargo, el verdadero espectáculo ocurriría en la noche. Así, con nuestro día lleno de visitas, decidimos quedarnos en la parte antigua al caer la noche. Solo habíamos estado caminando por las calles, pero era suficiente para darse cuenta de la importancia del festival. Numerosas calles estaban iluminadas con diferentes diseños: la “esvástica”, símbolo de felicidad en la religión hindú; la “shatkona”, una estrella de 6 puntas que representa la unión del hombre la mujer; el naranja, blanco y verde de la bandera de India, entre otros.

Luego caminamos un rato entre esta atmósfera festiva, aunque muy familiar. En efecto, nos encontramos en el camino con numerosas familias y pudimos tener la oportunidad de interactuar con algunas de ellas. Los lugareños, sobre todo los niños, se divertían al ver occidentales en este festival, y muchas personas nos pidieron tomarse una foto con nosotros. El ambiente era bastante agradable, tranquilo y todo el mundo tenía ganas de pasar un bonito momento en familia. Es por esto que estaba bastante contento de estar con mis padres, además de que tenía 5 meses sin verlos.

Amber-Fort-Etienne Al día siguiente, con la cabeza llena de recuerdos del día anterior, estábamos listos para visitar los alrededores de Jaipur. Así que nos fuimos para el Fuerte de Amber. Este monumento resulta imponente cuando se ve desde la carretera, pues está situado en una colina, pero una vez se está en su interior es incluso más inmenso; ¡resulta un verdadero laberinto! Se dice que se trata el fuerte más grande del mundo después del Fuerte de Gwalior, que también está en India. Este fuerte se compone de una parte pública, donde se encuentra el pabellón de audiencias públicas, y también una gran parte privada, donde cada sección resulta más encantadora que la otra. En un principio llegamos a la sala de audiencias privadas, donde hay increíbles columnas, luego pasamos por una puerta ornamentada con arte rajputano. Cuando el maharajá pasaba por aquí de regreso de sus viajes, sus mujeres y concubinas le lanzaban flores desde lo alto. Esta puerta conduce al jardín de las damas, muy bien organizado con el símbolo de la esvástica en la mitad. Así seguimos hasta descubrir todos los numerosos salones y pasajes del fuerte.

Una vez terminamos la visita en el camino de vuelta a la ciudad nos detuvimos para observar el Jal Mahal, también conocido como el Palacio de Agua. Este es un palacio del cual solo se ve el último piso, pues el resto está bajo agua. El color del palacio verdaderamente resalta al atardecer, y el hecho de que esté en la mitad del lago Man Sagar le da un aspecto misterioso.

Después de estos dos días enriquecedores en Jaipur, lastimosamente era hora de partir de la magnífica ciudad rosa. Sin embargo, nos devolvimos felices y conscientes de que tuvimos suerte de haber podido asistir al gran festival Diwali en esta acogedora ciudad.

Etienne Coltat
Joven estudiante recorriendo el mundo en busca de tesoros escondidos. Sigue sus aventuras aquí:

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By marla.d / Administrator, bbp_keymaster

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on Sep 19, 2017

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