feeding-my-inner flâneur-in-Udaipur-img2

Alimentando mi flâneur interior en Udaipur

A pesar de haber vivido en Delhi durante más de un año y medio, todo sea dicho, he visto muy poco de Rajastán, aparte de dos viajes a Jaipur. La primera vez que divisé la Ciudad Rosa fue desde una cama de hospital, mientras mi familia se divertía explorando, y, la segunda incursión, fue dedicada a asistir al prestigioso festival de literatura de Jaipur, sin dejarme tiempo para explorar la ciudad. Así que me encantó cuando una excursión de fin de semana a Udaipur fue propuesta por los amigos; sentí que podía empezar a llenar un agujero en mi mapa de viajes del norte de la India.

Autor de la foto – Nick


Tras una noche de viaje en tren, – durante la cual conocí a una amistosa mujer, con una bolsa de almendras que había traído para el viaje – los primeros dos días los pasé con mis amigos viendo el arsenal de las famosas vistas de la ciudad y probando la cocina rajastani. He encontrado a lo largo de mis viajes en India que la mejor y más satisfactoria comida es a veces aquella que no es excesivamente complicada, ni necesariamente servida en los lugares más salubres. Hablando con compañeros indófilos, sé que no soy el único que sostiene esta creencia.
Y así fue en Udaipur; un paseo al mediodía al norte del Palacio de la Ciudad nos llevó a uno de esos lugares, un dhaba (cantina al lado de la carretera), tal vez un poco desgastado en los bordes pero lo suficientemente acogedor, donde disfrutamos de un clásico rajastani: kachori, discos fritos con un relleno de lentejas, patatas o cebolla y, por supuesto, especias, acompañado de un rico chutney de tamarindo. En el calor del mediodía, algunos kachori, regados con mi veneno de elección (chai, si estás interesado), fueron más que suficientes para saciar mi apetito hasta la noche. Volví otra vez antes de irme y, en una ronda final de kachori, logré reunir lo suficiente de mi escaso hindi, para transmitir mi agradecimiento al propietario, un logro trivial pero todavía satisfactorio en mi mente; mientras visitaba el Templo de Jagdish el día antes, informé a un proveedor de las famosas pinturas en miniatura de Udaipur que su trabajo era delicioso, pero tristemente, no para mí.

Autor de la foto – Nick


Sin embargo, deseando de disfrutar de la cultura local, pasé una noche en el elegante patio del s. XVIII de Bagore – ki – Haveli, una de las históricas mansiones de la ciudad, disfrutando de espectáculos de todo el espectro de la cultura tradicional rajastani. El espectáculo comenzó con un baile de mujeres de la tribu Gujjar, cuyo tipo de danza – utilizado para ocasiones felices – había ganado recientemente fama viral, gracias a un video de dos mujeres gujjar cantando y bailando, flotando alegremente en el incongruente metro de Delhi. A pesar de la familiaridad, fue una experiencia maravillosa verlo en persona. Con la danza sentada de Mewari, era difícil decidir, donde debía tener toda la atención: el fluido balancear de un lado a otro de los bailarines, o su destreza al tocar simultáneamente un par de pequeños platillos.
A pesar de la ingeniosa astucia de cada intérprete, el aplauso más entusiasta de la velada estaba indudablemente reservado a una mujer, quien lenta pero segura, balanceaba un total de once frascos de agua en su cabeza y pisaba delicadamente los fragmentos de cristal. La aclamación de la audiencia sólo aumentó cuando el maestro de ceremonias reveló su edad después: ¡70 años!

Autor de la foto – Nick


A diferencia de mis amigos que trabajan duro, tuve la suerte de tener un día extra en Udaipur, antes de tener que hacer con prisas el viaje de regreso a Delhi por la tarde. Como tal, decidí abrazar mi flâneur – caminante – interior y dar un paseo sin prisas a través de los barrios de Udaipur, para visitar Sahelion ki Bari, o el “Patio de las Doncellas”. Por lo que había oído, su entorno tranquilo de fuentes y jardines parecía un destino adecuado para un día de ocio. Ese día, de hecho, fue un “día de rabia”, o cierre, en ciudades de toda India como protesta de los partidos de la oposición contra las recientes medidas de desmonetización. En realidad, cuando salí de mi albergue a media mañana, Udaipur parecía tranquilo y claramente imperturbable – aunque ¡la calma es un concepto relativo en la India, por supuesto!
Mientras vagaba, mis ojos me guiaban por los callejones hacia los havelis bien mantenidos y hacia el trueno de los mercados, y me ofrecieron un afeitado en el camino, un masaje, un cogarrillo, jugo de coco, especias… mujeres adornadas con el omnipresente pero deslumbrantes panoplia rajastani de colores, diligentemente tejían cestas de juncos en el calor; los turistas tocaban las bolsas de cuero que colgaban de las tiendas, y los propietarios – muy metidos en los negocios – miraban ansiosamente; los lugareños ofrecían una oración precipitada, mientras caminaban por los santuarios de las calles. En el olvido sin sentido de las nobles palabras de los políticos de Delhi, la vida seguramente seguiría adelante.

Autor de la foto – Nick


Al dar la vuelta a una curva de la carretera, vi cómo un rickshaw chocó con otro, seguido de un agudo cambio de palabras, y la audiencia inevitable se reunió apresuradamente con motos, formando una cola cada vez más larga de cuernos ardientes. Un policía, de boina negra, soplaba con insistencia su silbato. Un anciano, con la barba manchada de henna, caminaba insolentemente a través de la conmoción, sólo brevemente echando un vistazo a los lados, antes de arrastrarse.
Al final, nunca llegué a mi destino; realmente no me importó. En la India, hay tanta alegría, diversión y profundidad encontrada en lo cotidiano, lo mundano, si sólo te tomas un momento para detenerte y ver. “Observar a la gente” es un término inexacto, algo torpe para este método de viajar – como si uno estuviera en un safari humano. Todavía tengo que pensar en un mejor nombre para este arte, pero te lo haré saber algún día.
En el tren de regreso, pensé en mis andanzas ese día, así como en mi entorno inmediato. Para mí, tomar el tren en la India es como entrar en una biblioteca… pero eso es un pensamiento para otro momento.

Nick Woodroof
Amante del té, aspirante a paseante, kipling aficionado

About the Author

By hemantk / Administrator, bbp_keymaster

Follow hemantk
on Jan 20, 2017

Leave a Reply

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *